Desde siempre he escuchado definir la oración como una conversación que tenemos con Dios. Sin embargo, hace algún tiempo he cuestionado que la mismas personas que han enseñado ese concepto, no se persuaden en ponerlo en práctica, es decir, una conversación se lleva acabo, cuando tanto el que oye como el que habla tienen la misma oportunidad de intercambiar de roles. Ahora bien, nuestras oraciones se han convertido mas es una pedidera que en una conversación, ya que, el que se acerca para pedir, después de hacerlo se va a esperar que se le dé lo que pidió, y no se detiene a esperar que Dios responda en el momento, dejándole con esas actitudes con la palabra en su boca, esto a ocasionado quejas, inclusive de las mismas personas, por cuanto piensan que Dios no habla, y no es que no hable, sino que no lo escuchamos porque nuestro apresuramiento no nos permiten hacerlo. Por eso, todo aquel que quiera escuchar a Dios, tome su tiempo, para entrar en su secreto. Jeremías 23: 18...